Cómo adaptar tu rutina de acné al cambio de estaciones

En resumen: tu piel no se comporta igual en verano que en invierno, y tu rutina de acné tampoco debería. El calor, el sudor, el frío y la calefacción cambian la cantidad de grasa y la hidratación de la piel, así que ajustar la limpieza, la hidratación y la fotoprotección según la estación ayuda a controlar los brotes y a evitar irritaciones. En esta guía vas a ver cómo adaptar tu rutina en cada época del año, partiendo siempre de una buena rutina base de cuidado y del tratamiento indicado por tu dermatólogo.

Dr. Horacio Alonso, médico dermatólogo

Revisado por el Dr. Horacio Alonso — Médico Dermatólogo (M.N. 178201), docente universitario en la UBA. Última revisión médica: .

Si tenés acné, seguramente notaste que tu piel no responde igual en verano que en invierno. El clima afecta directamente cómo se comporta: el frío reseca, el calor estimula el sebo, la humedad obstruye poros y el viento sensibiliza. No ajustar tu rutina a cada estación puede agravar brotes, causar descamación o enrojecimiento.

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Puntos clave:

  • Verano: Más sebo y sudor. Usá productos ligeros como geles oil-free y protección solar no comedogénica.
  • Invierno: La sequedad es el problema. Elegí cremas más densas e hidratantes con ceramidas o ácido hialurónico.
  • Primavera: El polen y el viento irritan. Incorporá fórmulas calmantes y exfoliación suave.
  • Otoño: Repará los daños del verano con hidratantes y exfoliantes químicos.

La clave está en ajustar texturas y frecuencias, manteniendo siempre limpieza, hidratación y protector solar. Cambiá productos gradualmente y observá cómo responde tu piel. Si los brotes empeoran o no ves mejoras, consultá con un dermatólogo. Plataformas como Knuss te ofrecen consultas digitales rápidas y recetas adaptadas al clima de tu zona.

DERMATÓLOGA EXPLICA RUTINA EFECTIVA PARA IMPERFECCIONES PASO A PASO

Cómo las estaciones desencadenan el acné

Los cambios en la temperatura, la humedad y la exposición al sol tienen un impacto directo en la piel. Estas variaciones afectan la producción de grasa, la barrera cutánea y la reacción frente a bacterias. Entender cómo funciona este proceso te permitirá prevenir brotes ajustando tu rutina de cuidado.

Efectos del clima en el acné

El clima influye en el comportamiento de la piel, especialmente en aquellas personas propensas al acné.

En primavera y verano, el calor estimula la producción de sebo. Al combinarse con el sudor y el aumento de la humedad, los poros se obstruyen y favorecen la proliferación de Cutibacterium acnes [1][2]. El sudor, además, atrapa impurezas y aceite en la superficie de la piel, lo que puede agravar el acné inflamatorio.

Por otro lado, el invierno trae consigo aire frío y seco, junto con el uso constante de calefacción. Este ambiente elimina la humedad natural de la piel, debilitando su barrera protectora y aumentando la pérdida de agua transepidérmica [3]. Como respuesta, la piel produce más sebo para compensar, lo que puede obstruir los poros y provocar más brotes.

Los especialistas destacan que en verano los brotes suelen estar relacionados con el calor, la humedad y el uso de productos oclusivos, como protectores solares densos. En cambio, durante el invierno, los principales desencadenantes son la sequedad, el daño en la barrera cutánea y el abuso de tratamientos que resecan sin acompañarlos con una hidratación adecuada [1].

Factores ambientales que empeoran el acné

Más allá del clima, otros elementos del entorno también influyen en el acné:

  • Radiación UV: Los rayos solares aumentan la inflamación y engrosan el estrato córneo, lo que favorece la obstrucción de los poros y la aparición de hiperpigmentación postinflamatoria [1][5]. En verano, la exposición prolongada al sol puede hacer que tratamientos como los retinoides o ácidos resulten más irritantes. Sin una adecuada protección solar, las marcas de acné tienden a persistir más tiempo.
  • Contaminación: La calidad del aire impacta directamente en la piel. Los contaminantes aumentan el estrés oxidativo, la inflamación y la oxidación del sebo, lo que puede desencadenar más brotes [2][3]. Durante la primavera, el polen también actúa como irritante, provocando sensibilidad que puede agravar el acné [2][3].
  • Climatización: Tanto la calefacción en invierno como el aire acondicionado en verano deshidratan la piel y alteran su barrera natural. Esto no solo vuelve la piel más reactiva, sino que también puede modificar su pH y microbioma, facilitando la aparición de brotes [3].

En regiones con climas templados, como Argentina, es común que las consultas por acné aumenten hacia finales de la primavera y durante el verano. Esto coincide con temperaturas más altas y una mayor exposición a los rayos UV [1][5].

Estos factores subrayan la importancia de adaptar tu rutina de cuidado según la estación del año, algo que exploraremos en detalle más adelante.

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Ajustando tu rutina de acné según la estación

Las necesidades de tu piel cambian con el clima, y ajustar tu rutina es clave para mantener el acné bajo control y reducir el impacto del exposoma (todo aquello a lo que estamos expuestos por vivir en este mundo) sobre tu pie.. Aunque la base – limpieza, hidratación y fotoprotección – se mantiene, los productos y su aplicación deben adaptarse a cada estación. Aquí te explicamos cómo hacerlo en primavera, verano, otoño e invierno.

Primavera: Adaptándote al clima cálido

Con el aumento de temperatura y humedad, la piel produce más grasa, y factores como el polen y el viento pueden irritarla, favoreciendo los brotes.

Es momento de aligerar las texturas. Si usabas cremas densas en invierno, cambiá a lociones o gel-cremas no comedogénicas que hidraten sin obstruir los poros. La exfoliación suave también es importante para eliminar células muertas acumuladas durante el frío. Usá exfoliantes químicos con ácido láctico, glicólico o mandélico una o dos veces por semana, y optá por fórmulas calmantes si sufrís de alergias estacionales.

Además, reforzá la protección solar. Cambiá a un protector fluido o en gel con FPS 30–50, ideal para pieles grasas, y no olvides reaplicarlo si estás al aire libre. Si transpirás más o hacés ejercicio, lavá tu rostro después para evitar que el sudor obstruya los poros.

Verano: Enfrentando el calor y el sudor

El verano puede ser complicado para las pieles con acné debido al calor, la humedad y el sudor constante, que aumentan la grasa y favorecen la proliferación de bacterias.

Por la mañana, usá un limpiador en gel que controle el sebo sin resecar. Continuá con un sérum ligero de niacinamida o zinc, un hidratante oil-free y un protector solar en gel o fluido FPS 50, resistente al agua y no comedogénico. Si vas a la playa, la pileta o pasás mucho tiempo al sol, reaplicá cada dos horas.

Por la noche, la doble limpieza es imprescindible. Empezá con un aceite o bálsamo no comedogénico para remover protector solar y maquillaje, seguido de tu limpiador habitual. Aplicá tu tratamiento antiacné (como peróxido de benzoilo o retinoides) y finalizá con un gel hidratante con ingredientes calmantes como pantenol o aloe vera. Si estuviste en la pileta o en la playa, enjuagá tu rostro con agua fresca para eliminar cloro, sal o arena antes de limpiar.

Otoño: Reparando los daños del verano

El cambio a temperaturas más frescas es ideal para reparar la piel tras el desgaste del verano, como manchas, deshidratación o sensibilidad.

Ajustá tu limpiador si sentís la piel tirante, eligiendo fórmulas cremosas o geles suaves que no eliminen los lípidos naturales. Incorporá sérums hidratantes con ácido hialurónico, ceramidas o niacinamida para reforzar la barrera cutánea. Además, podés cambiar a una crema ligera si tu piel lo necesita.

La exfoliación química sigue siendo útil para mejorar la textura y reducir manchas post-solares. Empezá con una vez por semana y aumentá la frecuencia según tu tolerancia. Si querés realizar peelings químicos para tratar marcas de acné, el otoño es un buen momento, siempre bajo supervisión dermatológica.

Invierno: Protegiendo la piel de la sequedad

El frío y la calefacción pueden resecar la piel y debilitar su barrera, causando descamación o una sobreproducción de grasa que obstruye los poros.

Elegí limpiadores hidratantes sin sulfatos ni alcohol, que limpien sin agredir. Reducí la frecuencia de exfoliación si notás sensibilidad. Cambiá a hidratantes más densos con ceramidas, ácido hialurónico, escualano o manteca de karité ligera. Incluso si tenés piel grasa, es importante usar emolientes para proteger la barrera cutánea.

Si usás tratamientos como retinoides, capaz necesites espaciar su aplicación o usarlos sobre la hidratante para minimizar irritaciones. Reservá los productos astringentes solo para brotes puntuales.

La protección solar sigue siendo esencial, especialmente en zonas con nieve, donde la reflexión aumenta la exposición a los rayos UV. Elegí un protector de amplio espectro FPS 30–50 con propiedades hidratantes para evitar la sequedad.

Cómo hacer la transición de productos entre estaciones

Cuando ajustás tu rutina a los cambios de estación, es clave hacer la transición entre productos de manera gradual para evitar brotes y mantener la barrera cutánea en buen estado. Conservá los pilares básicos de tu rutina – una limpieza suave, hidratación y protección solar – y adaptá únicamente las texturas o ingredientes según las necesidades del clima. Esto te ayudará a evitar irritaciones y a identificar qué productos funcionan mejor para tu piel [5].

Introducí nuevos productos paso a paso

Hacé los cambios de a uno por vez, dejando un intervalo de al menos 1 o 2 semanas entre cada producto nuevo. Esto te permitirá detectar si algún producto genera irritación o brotes [1][5]. Priorizá según tus necesidades más urgentes: si en invierno tu piel se siente tirante y descamada, empezá por incorporar una crema más nutritiva con ceramidas o ácido hialurónico. En verano, si notás que tu piel está más grasa y los poros se obstruyen, cambiá a un limpiador en gel que controle el sebo sin resecar [1][3].

Para productos con activos como ácido salicílico, retinoides suaves o exfoliantes químicos, adoptá un enfoque más cuidadoso. Comenzá usándolos dos veces por semana, dejando días de descanso entre aplicaciones. Si no sentís ardor ni enrojecimiento, podés aumentar a tres veces por semana en la segunda semana y luego alternar días. Después de 3 o 4 semanas de tolerancia estable, evaluá si es posible usarlos diariamente o subir la concentración [5][3].

Además, ajustá las texturas según el momento del día: fórmulas más livianas para la mañana y productos más nutritivos por la noche. Esto ayuda a que tu piel se adapte sin cambios bruscos.

Observá las señales de tu piel

Llevá un registro de cómo reacciona tu piel durante 4 a 6 semanas. Anotá los productos que usás, las condiciones climáticas, el nivel de oleosidad, la cantidad de lesiones y síntomas como tirantez o ardor [5]. Sacá fotos de tu rostro con luz natural una o dos veces por semana para identificar patrones, como “a los tres días de usar este sérum aparecieron más pústulas” o “con la crema densa la piel luce menos seca, pero hay más puntos negros”.

Si notás ardor, enrojecimiento persistente, descamación intensa o sensación de quemazón, reducí la frecuencia de uso o dejá de usar el producto más reciente durante 3 a 5 días. Mientras tanto, reforzá la hidratación con una crema reparadora no comedogénica [5][3].

Por otro lado, si sentís tirantez, parches secos o si el maquillaje se cuartea, es señal de que necesitás más hidratación. Probá sumar un sérum hidratante o cambiá a una crema más rica [1][5]. Si notás más brillo, puntos negros o brotes comedogénicos, revisá que tus hidratantes y protectores sean libres de aceite y no comedogénicos [1][3].

Si los brotes empeoran o las molestias no desaparecen, consultá con un profesional. Plataformas como Knuss te permiten enviar fotos, completar un cuestionario y recibir un diagnóstico y tratamiento avalado por dermatólogos certificados en un plazo de 48 horas hábiles. Esto es especialmente útil para ajustar productos y tratamientos según el clima y tu tipo de piel, o para identificar si lo que parece acné estacional podría ser otra afección que requiera un tratamiento diferente.

Errores comunes en el cuidado estacional del acné

Los cambios de estación pueden traer consigo errores que empeoran el acné, especialmente si no se adapta la rutina de cuidado a las nuevas condiciones climáticas. Factores como la temperatura, la humedad y la exposición solar afectan la producción de sebo y la sensibilidad de la piel [1][5]. Sin embargo, modificar toda la rutina de golpe al inicio de una nueva estación puede ser contraproducente, ya que esto puede irritar la barrera cutánea y desencadenar brotes [5].

Identificar estos errores puede ayudarte a mantener la piel equilibrada y evitar contratiempos innecesarios en tu tratamiento. A continuación, analizamos los problemas más comunes relacionados con el uso excesivo o insuficiente de productos.

Exceso o ausencia de productos

En verano, es habitual caer en la tentación de usar demasiados productos. Aplicar múltiples sérums, exfoliantes, mascarillas y tratamientos bajo la idea de que “más es mejor” puede terminar dañando la barrera cutánea, provocando irritación y aumentando el riesgo de acné cosmético [1]. Además, los protectores solares con texturas pesadas o grasosas, al combinarse con sudor o arena, pueden generar una capa oclusiva que favorece los brotes, especialmente en áreas como el rostro, la espalda y el pecho [1][6].

En contraste, usar pocos productos o saltarse pasos importantes también puede ser perjudicial. Durante el otoño e invierno, la falta de hidratación y productos reparadores puede dejar la piel seca, tirante y con microgrietas, lo que facilita la obstrucción de poros y los brotes de rebote tras los meses de verano [5][4]. Por ejemplo, si solo utilizás un limpiador agresivo y un tratamiento tópico sin complementar con una crema hidratante no comedogénica, podrías experimentar irritación y descamación, dificultando la tolerancia a tratamientos como los retinoides o ácidos [5][3].

Otro error común es olvidar el protector solar en días nublados o en invierno, pensando que la radiación solar es menos intensa. Sin embargo, los rayos UV están presentes todo el año y pueden agravar el acné, las manchas postinflamatorias y la sensibilidad causada por tratamientos como retinoides o peelings [1][5]. Por otro lado, en verano, el uso de protectores solares inadecuados – grasos, oclusivos o no etiquetados como “no comedogénicos” – puede obstruir los poros y provocar brotes [1][6].

El equilibrio está en mantener tres pasos básicos durante todo el año: una limpieza suave, hidratación adecuada al tipo de piel y un protector solar de amplio espectro [5]. Solo es necesario ajustar las texturas y la frecuencia de los activos según la estación, sin eliminar ni sobrecargar estos pilares fundamentales.

Además de la cantidad de productos, la consistencia en su aplicación también es un factor clave para evitar problemas.

Aplicación inconsistente del tratamiento

En invierno, la falta de constancia con los tratamientos puede empeorar la irritación. Los medicamentos para el acné necesitan semanas o incluso meses de uso constante para regular la producción de sebo, prevenir la obstrucción de poros y reducir la inflamación. Interrumpir y luego retomar estos tratamientos puede provocar nuevos brotes [3].

La aplicación irregular también aumenta las probabilidades de irritación, ya que reiniciar el tratamiento con dosis altas puede desencadenar brotes e irritación sin lograr resultados duraderos [5][3]. En el caso de antibacterianos o tratamientos combinados, la inconsistencia reduce su efectividad a largo plazo [6][4]. Además, abandonar el tratamiento en verano por temor al sol, sin hacer ajustes en la dosis o la protección solar, puede generar un efecto rebote en otoño, con más marcas y cambios en la textura de la piel [6][4].

Para evitar estos problemas, es fundamental mantener una rutina constante durante todo el año. Si un producto te genera irritación en una temporada específica, consultá con un dermatólogo antes de suspenderlo. A veces, reducir la frecuencia de uso (por ejemplo, usarlo tres veces por semana en lugar de a diario) o cambiar la concentración puede ser suficiente para continuar con el tratamiento sin interrupciones [5][3]. Llevar un registro de tu rutina y de las condiciones climáticas puede ayudarte a identificar patrones y mantener la disciplina necesaria para obtener resultados visibles.

Obtener orientación profesional

Ajustar tu rutina de cuidado de la piel con cada cambio de estación implica analizar varios factores: tu tipo de piel, la gravedad del acné, tratamientos previos y cómo el clima afecta estos aspectos. El acné es una condición médica que afecta al 9,4 % de la población mundial[4] y se encuentra entre las ocho enfermedades más frecuentes, lo que subraya la importancia de buscar atención especializada más allá de soluciones cosméticas. Es importante consultar para evitar las cicatrices que deja el acné, que son engorrosas en su resolución.

Un dermatólogo puede evaluar estos elementos y diseñar un plan adaptado a las condiciones climáticas específicas de Argentina, ya sea para los veranos húmedos de la costa atlántica, los inviernos secos y fríos de la Patagonia, o el clima templado del AMBA. Los expertos coinciden en que ajustar los tratamientos según la estación es clave para un manejo efectivo del acné.

Se recomienda consultar a un dermatólogo si tu acné empeora con los cambios de estación, si aparecen nódulos o quistes, si experimentás irritación al probar nuevos productos o si tras semanas de tratamiento no obtenés resultados visibles.

El beneficio de acudir a un profesional es que puede diferenciar entre acné, rosácea, foliculitis u otras afecciones que se agravan con el clima o el sudor. Además, ajustará las concentraciones de retinoides, ácidos o antibióticos tópicos según la exposición solar en verano o la sequedad del invierno, minimizando riesgos como quemaduras o brotes de rebote.

Un dermatólogo también puede indicarte cuándo iniciar tratamientos más intensivos, como peelings químicos, retinoides orales o procedimientos láser, aprovechando los meses de otoño e invierno, cuando la radiación UV es menor. Durante esta época, la piel tiende a estar más seca y su barrera cutánea puede verse alterada, lo que convierte este periodo en un momento ideal para ajustar o revisar el tratamiento.

Cómo puede ayudarte Knuss

Knuss

Si buscás una solución práctica y personalizada para adaptar tu tratamiento, la consulta digital es una excelente alternativa. Knuss es una plataforma de dermatología online que te conecta con dermatólogos certificados desde la comodidad de tu hogar, ideal si preferís evitar largas esperas o vivís lejos de centros especializados.

El proceso es simple: completás el formulacio de Iniciá tu consulta par que Iana se comunique con vos. Luego de generado el link de pago y pagada la consulta, subís fotos claras de tu piel para que el dermatólogo evalúe tu caso y, en un plazo de hasta 48 horas hábiles, el mismo te entrega un diagnóstico preliminar, indicaciones para estudios adicionales si fueran necesarios y un plan de tratamiento personalizado. Además, recibís una receta digital válida en farmacias argentinas, ajustada a la disponibilidad local y a las necesidades de cada estación.

El costo de la consulta es de $30.000 e incluye validación médica, un plan de tratamiento personalizado, receta digital y cupones de descuento.

Knuss permite que el dermatólogo tenga en cuenta tu ubicación geográfica y adapte los productos, texturas y frecuencias a las condiciones climáticas. Por ejemplo:

  • Adolescente con acné inflamatorio que empeora en verano: el dermatólogo puede recomendar un retinoide suave para la noche, cambiar una crema pesada por un gel hidratante no comedogénico y agregar un protector solar oil-free FPS 50.
  • Mujer con acné hormonal leve en oficina climatizada: en invierno, se puede sugerir un limpiador suave, una crema hidratante reparadora y ajustar el uso de retinoides a noches alternas para evitar resequedad.
  • Hombre con piel grasa que viaja frecuentemente: el plan puede incluir productos más hidratantes para invierno y fórmulas ligeras para verano, ajustándose a las condiciones del destino.

A través de la consulta digital, el dermatólogo también puede recomendar cambios en el limpiador, hidratante y protector solar según factores como la humedad, la temperatura y la exposición al sol o al viento. Además, ajustará el uso de retinoides y exfoliantes de acuerdo con la estación y la tolerancia de tu piel.

Muchos usuarios de Knuss han compartido sus experiencias positivas. Carolina, de 28 años y residente en Mendoza, comenta:

“Tuve acné por años. Probé de todo hasta que llegué a Knuss y me dieron un tratamiento que sí funcionó.”

Valeria, de 45 años y de Rosario, también destaca los resultados:

“Mi hijo tenía acné severo y no quería ir al médico. Con Knuss se atendió por fotos, mejoró y recuperó la confianza.”

Si las fotos enviadas no son claras, Knuss te pedirá nuevas imágenes sin costo adicional, asegurando que el dermatólogo cuente con toda la información necesaria para un diagnóstico preciso. Todo el proceso es confidencial y seguro, y podés realizarlo desde tu celular o computadora en cualquier momento.

Antes de tu consulta, ya sea presencial o digital, es útil registrar durante dos a cuatro semanas los cambios en tu piel, como brotes, resequedad, brillo y sensibilidad, relacionándolos con el clima, actividades al aire libre, productos utilizados y cualquier modificación en tu rutina. Esta información ayudará al dermatólogo a identificar patrones y a diseñar un plan más efectivo.

Contar con orientación profesional te permite evitar errores comunes, como usar demasiados productos, olvidar el protector solar en invierno o hacer cambios drásticos sin observar cómo responde tu piel. Con un seguimiento adecuado, podés ajustar tu rutina de cuidado de manera eficiente para cada estación.

Conclusión

No hace falta reinventar tu rutina de cuidado de la piel; simplemente ajustá las texturas y frecuencias según el clima. Tu piel siempre necesita una limpieza suave, hidratación adecuada y protección solar durante todo el año. Lo que varía es cómo implementás estos pasos esenciales al pasar del calor húmedo al frío seco, o de un otoño templado a un invierno ventoso.

Resumen por estación: En primavera, optá por texturas ligeras y asegurate de usar una buena fotoprotección para preparar tu piel. Durante el verano, enfocáte en controlar el exceso de sebo con fórmulas oil-free y no comedogénicas, reforzando la limpieza diaria. En otoño, trabajá en reparar el daño causado por el sol fortaleciendo la barrera cutánea. En invierno, combatí la sequedad con limpiadores suaves y cremas nutritivas, sin descuidar el protector solar.

La clave está en la consistencia diaria. Los tratamientos tópicos para el acné suelen necesitar entre 4 y 8 semanas de uso continuo para empezar a notar mejoras, y varios meses para resultados más duraderos. Si después de 2 o 3 meses de adherencia constante no ves progreso, consultá con un profesional.

Para un seguimiento efectivo, llevá un registro breve de los productos que usás, las condiciones climáticas y los cambios en tu piel. Sacá fotos periódicas con buena luz para comparar resultados. Introducí un solo producto a la vez y observá su efecto durante 2 o 3 semanas antes de hacer otra modificación.

Errores comunes a evitar: Usar los mismos productos todo el año puede empeorar brotes o resecar la piel. Cambiar toda tu rutina de golpe dificulta identificar qué te irrita. Aplicar demasiados productos al mismo tiempo puede obstruir los poros. Olvidar el protector solar aumenta el riesgo de manchas, y abandonar el tratamiento al primer brote estacional, en lugar de ajustar texturas y frecuencia, puede provocar un efecto rebote en el acné.

Recordá que cada piel reacciona de manera distinta al calor, al frío y a la humedad. Las personas con acné leve suelen poder manejar estos ajustes con cosméticos adecuados. Sin embargo, en casos de acné moderado o severo, puede ser necesario un tratamiento médico específico además de una rutina adaptada a la estación. Personalizar implica ajustar el tipo de limpiador, el nivel de hidratación, la protección solar y la frecuencia de exfoliación según tu tipo de piel, edad, medicación y las condiciones climáticas de tu zona.

Consultá a un dermatólogo si tu acné empeora notablemente en una o varias estaciones a pesar de mantener una buena rutina durante 2 o 3 meses. También es importante buscar ayuda si aparecen cicatrices, manchas oscuras o dolor en los brotes; si querés incorporar activos potentes y no sabés cómo adaptarlos al clima; o si varios cambios de producto no han generado una mejora estable. Además, plataformas digitales como Knuss pueden ofrecerte asesoramiento personalizado para optimizar tu rutina en función de las condiciones climáticas de tu región.

FAQs

¿Por qué el acné empeora con el cambio de estación?


Porque cada estación modifica el equilibrio de la piel. En verano, el calor, el sudor y la humedad aumentan la producción de grasa y pueden tapar más los poros; en invierno, el frío y la calefacción resecan la piel, dañan la barrera y a veces disparan más grasa como compensación. Esos cambios bruscos son los que suelen desencadenar brotes. Por eso una rutina que funcionaba perfecto hace unos meses puede quedarte corta cuando cambia el clima.

¿Cómo cuido el acné en verano?


En los meses de calor conviene priorizar texturas livianas: limpiador suave dos veces al día, hidratante en gel o fluido y protector solar no comedogénico de toque seco. Como se transpira más, es importante limpiar la piel después de hacer actividad física y evitar dejar el sudor secándose sobre la cara. También hay que reforzar la fotoprotección, porque la exposición solar es mayor. La idea es controlar la grasa sin resecar de más.

¿Y en invierno cómo cambia el cuidado?


En invierno el problema suele ser el opuesto: la piel se reseca y la barrera se debilita, así que no hay que abandonar la hidratación aunque tengas acné. Conviene pasar a cremas un poco más nutritivas y espaciar o ajustar los activos irritantes —como los retinoides— si notás la piel muy sensible o descamada. La calefacción reseca el ambiente, así que hidratar bien evita que la piel reaccione produciendo más grasa. El protector solar sigue siendo parte de la rutina, todos los días.

¿Tengo que cambiar todos mis productos en cada estación?


No hace falta cambiar todo de golpe, y de hecho no es recomendable. Lo ideal es ajustar sobre todo las texturas (más livianas en verano, más nutritivas en invierno) y mantener el activo de tratamiento que te indicó el dermatólogo. Cuando incorpores un producto nuevo, hacelo de a uno y de forma gradual, para que la piel se adapte y puedas identificar si algo la irrita. La constancia sigue siendo más importante que la cantidad de productos.

¿El protector solar se usa todo el año, aunque no sea verano?


Sí, todos los días del año, incluso nublado o en invierno. La radiación ultravioleta llega igual en los días fríos y grises, y es una de las principales causas de que las marcas del acné se oscurezcan y tarden en irse. Además, muchos tratamientos del acné vuelven la piel más sensible al sol durante todo el año. Saltear el protector en las estaciones frías es un error muy común.

¿Qué hago si mi acné empeora al cambiar de estación a pesar de ajustar la rutina?


Si ya adaptaste limpieza, hidratación y fotoprotección y aun así el acné se descontrola, es señal de que la rutina sola no alcanza y conviene una evaluación profesional. Puede que necesites sumar o ajustar el tratamiento según cómo responde tu piel en cada época. No tiene sentido pelear meses con productos de venta libre si el cuadro no mejora. Un dermatólogo puede adaptar el plan a tu piel y a la estación.

Dr. Horacio Alonso, médico dermatólogo

Revisado por el Dr. Horacio Alonso — Médico Dermatólogo (M.N. 178201), docente universitario en la UBA. Última revisión médica: .